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El Mercurio - Domingo 16 de Noviembre de 2008
El Mercurio - Jueves 1 de Abril de 2004
100 mil pingüinos mueren de hambre en las islas Malvinas
El Diario Perfil - 17 de septiembre 2006
Revista Chilena de Historia Natural 75: 805-818. (2002)
La disminución de pingüinos en Islas Malvinas en la presencia de barcos de pesca comercial
El Magallanes, 9 de noviembre de 2003: Investigador le ganó juicio al gobierno de las Islas Malvinas
La Opinión Austral, 21 de Diciembre de 2006: Ex Oficial de Conservación británico denuncia 'El régimen de las Malvinas'
La Prensa Austral, 8 de noviembre de 2006: Libro recoge cruzada ecológica de investigador en islas Malvinas
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El Régimen de las Malvinas - de Dr Mike Bingham. ISBN:987-05-0900-2. Precio 25 pesos Argentinos o US$8.11 mas flete. Desde Internet o sucursales de Libreria Santa Fe
El Régimen de las Malvinas
de Dr Mike Bingham
ISBN:987-05-0900-2

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Gobierno de las Malvinas 'culpable' de actos abusivos de los derechos humanos en la Suprema Corte

Cuando un biólogo inglés se atrevió a relacionar la muerte de cinco millones de pingüinos por falta de alimento, con la pesca comercial que estaba enriqueciendo al sector más poderoso de las islas Malvinas, se desató un juego de muerte del gato y el ratón. Durante cinco años Dr Michael (Mike) Bingham sufrió la persecución de la policía, amenazas de muerte, ataques a su propiedad e intento de deportación. Finalmente, Bingham llevó al Gobierno de las Islas Malvinas ante la Suprema Corte por abuso a los Derechos Humanos y ganó el juicio. La sentencia determinó que el Gobernador, el Primer Mandatario, el Fiscal de la Corona y los miembros electos del Concejo Directivo cometieron actos de abuso a los derechos humanos, lo que la Suprema Corte describió como "moral e inconstitucionalmente indefendible". Esta es la historia del Régimen de Malvinas.

En 1764, un joven oficial francés, Luis Antoine Bouganville, llegó a estas islas deshabitadas y proclamó al archipiélago en nombre del Rey Luis XV de Francia. El Rey Carlos III de España, le protestó al gobierno francés por lo que consideró una incursión en el territorio español y, en 1767, Francia le otorgó la posesión de las Islas Malvinas a España, quienes las ocuparon y administraron los 45 años siguientes.

En 1766, un asentamiento inglés se estableció en Puerto Egmont en la Isla Saunders. Las autoridades españolas de Buenos Aires ordenaron la expulsión de los ocupantes británicos y esto se concretó en junio de 1770. Un año más tarde, los ingleses volvieron a Puerto Egmont y permanecieron allí hasta 1774, cuando nuevamente fueron obligados a marcharse.

En 1811, los pobladores españoles de las Islas Malvinas fueron retirados para reforzar las tropas españolas exiliadas en Uruguay, en un intento de resistir el movimiento de la independencia de Buenos Aires. Las fuerzas españolas fueron finalmente derrotadas en 1816, y las Provincias Unidas del Río de la Plata (más tarde conocida con el nombre de Argentina) declararon su independencia de España. Argentina afirmó la posesión de las Islas Malvinas en 1820, y se volvió a instalar en Puerto Louis en 1833, veintidós años después de haberse ido los españoles. Pero, para ese entonces, los ingleses también habían ocupado las Islas y habían establecido su administración; una situación que iba a conducir a una prolongada e ininterrumpida disputa con Argentina por la soberanía.

El 2 de abril de 1982, esta larga discusión desencadenó en una guerra, cuando Argentina tomó las islas por la fuerza. Antes de esta invasión, las Malvinas habían sido una espina para el gobierno inglés que, a través de medios diplomáticos, buscaban extraer. A trece mil kilómetros de distancia, las Malvinas representaban un drenaje no deseado para la economía inglesa. De haber sido paciente, Argentina, finalmente hubiera ganado la propiedad de las islas a través de la diplomacia; pero el gobierno claudicante de ese entonces, necesitaba un rápido ajuste para sus políticas económicas desastrosas y, al tomar las Malvinas por la fuerza, llevó al gobierno argentino a una oleada de popularidad y apoyo público.

Pero esta popularidad duró poco tiempo, cuando una Primera Ministra Británica, con determinación similar, Margaret Thatcher, se puso firme. Dejar que las Malvinas se esfumen a través de medios diplomáticos era una cosa, pero que Argentina se lleve un trozo de territorio inglés por la fuerza, era un insulto para el pueblo inglés, y se debía hacer algo. Se enviaron tropas británicas para recuperar las islas y, el 14 de junio de 1982 las tropas argentinas se rindieron. Se terminó la guerra; murieron 266 soldados ingleses y 649 argentinos. Gran Bretaña había recobrado un puesto de avance para criar ovejas, un lugar del que se habían tratado de librar durante años. Los políticos británicos decidieron que, al haber tenido tanto problema para recobrarlas, era imperioso hacer algo con ellas. Después de muchos años de descuido, el gobierno inglés inventó un plan muy simple para rejuvenecer la economía de las Malvinas.

Junto con los representantes de la comunidad de las Islas, se decidió en una serie de conversaciones secretas, que se establecería una zona de control de pesca de 320 km. alrededor de las Malvinas, y que cualquier embarcación que estuviera pescando en estas aguas, tendría que obtener un permiso. Todo lo que se necesitaba era gente para vender las licencias. Oliendo dinero, y con la certeza que más manos en la torta representaba menos cantidad, cierta gente involucrada en estas reuniones secretas reclamaron su tajada, por el hecho de haber abandonado sus empleos seguros para establecer compañías pesqueras. Esto parecía una locura para otros isleños malvinenses, hasta que el plan secreto fue revelado. Mucha de la repartición de la riqueza que existe en las Malvinas hoy en día, emana de esos asuntos. En la actualidad, la mayoría de la gente con poder e influencia de las Malvinas, tiene intereses financieros en la pesca comercial, que será protegida a toda costa.

En un par de años, la economía de las Malvinas pasó de la pobreza a una enorme riqueza; pero este superávit de holgura vino con sobreprecio escondido. Con las enormes cantidades de pescado y calamar que se estaban sacando de las aguas de las Malvinas, quizá no debía sorprender que las aves marinas y las focas, que vivían de ellos para alimentarse, comenzaran a declinar.

En octubre de 1993, Michael (Mike) Bingham comenzó a trabajar para la Conservación de las Malvinas, una organización de conservación, financiada por el gobierno. Una de sus primeras tareas que realizó, fue conducir un censo de pingüinos en toda la isla, lo que reveló descensos poblacionales masivos. Los estudios realizados por el gobierno británico, en 1984 (Croxall, McInnes y Prince 1984 "El estado y la conservación de las aves marinas en las Islas Malvinas", ICBP Publicación Técnica Nº 2, Estudio Antártico Británico, Cambridge) habían estimado una población de seis millones de pingüinos, pero en 1996 había descendido a sólo un millón. La pérdida de cinco millones de pingüinos en doce años, fue coincidente con el establecimiento de la pesca comercial en las Malvinas.

El Gobierno de las Islas se mostró muy hostil hacia el informe de Bingham, y el Concejal Mike Summers junto con el Primer Mandatario Andrew Gurr le dijeron que ese reporte podría ser muy perjudicial para la economía de las Islas Malvinas, que dependía altamente de la pesca comercial. El gobierno se negó a aceptar los resultados y luego, cuando la evidencia fue abrumadora, le echaron la culpa al descenso mundial en las poblaciones de pingüinos.

Los que habían sufrido las mayores bajas eran el pingüino de penacho amarillo del sur y el pingüino de Magallanes, ambos pertenecientes a la zona de Malvinas, Chile y Argentina. Durante 1996/97, Mike Bingham dirigió un censo poblacional en Chile y Argentina, y confirmó que los números en estos países NO habían descendido. El único lugar en que los pingüinos estaban declinando era en las Malvinas.

Para octubre de 1996, los planes para la exploración petrolífera en los alrededores de las Malvinas estaban avanzando a paso diligente. Preocupado porque la Conservación de las Malvinas demandaría la protección de la fauna, el director de Desire Petroleum, Lewis Clifton, fue propuesto como director de la organización. Por ley, esa designación debía hacerse por votación en la Asamblea General Anual, y quedaba claro, que el director de una compañía petrolífera que estaba excavando para encontrar petróleo, nunca sería votado para cubrir un cargo en la única organización de conservación de la fauna de las Malvinas. Sin alternativas, los miembros ignoraron la ley y se eligieron entre ellos mismos y a Clifton, antes de la Asamblea General Anual. Esto era totalmente ilegal y la Comisión de Caridad del Reino Unido, le escribió a la Conservación de las Malvinas, estableciendo que habían violentado la constitución y que las designaciones eran ilegales, pero la Conservación de las Malvinas no dio marcha atrás. La única organización de conservación de la fauna de las Islas Malvinas, ahora estaba en manos de un director de una compañía de petróleo, con consecuencias desastrosas para la fauna malvinense.

Mike Bingham se opuso a esto y a la designación ilegal de Clifton y los otros miembros. Como resultado, le informaron a Bingham que ya no necesitaban más de sus servicios y lo echaron de la Conservación de las Malvinas. Unas pocas semanas después, hubo tres derrames de petróleo en tres lugares diferentes, como consecuencia del accionar de embarcaciones que abastecían a las maquinarias para excavar petróleo, matando a cientos de pingüinos, cormoranes y otra fauna; tal como Bingham lo había advertido.

En vez de abandonar las Malvinas, Mike Bingham fundó una organización de conservación de la fauna, independiente, Unidad de Investigación del Medio Ambiente, y escribió los resultados de su estudio de pingüinos. El descenso de la población de pingüinos fue publicado en Conservación de los Pingüinos (Bingham 1998, Pingüinos de América del Sur y las Islas Malvinas. Conservación de los Pingüinos 11:1) y Orix (Bingham 1998, La Distribución, Abundancia y Tendencias de Población de los Pingüinos Papua, Penacho Amarillo y Rey en las Islas Malvinas. Orix 32:3); pero al hacerlo, logró ganarse poderosos enemigos del Gobierno de las Islas Malvinas.

En septiembre de 1998 Binghan percibió que alguien había entrado a su casa y, cuando revisó cuidadosamente, encontró un arma de 9 mm. y municiones debajo de su cama. Era claro que la pistola no era un regalo de Navidad. La habían puesto allí para que la encontraran, pero no precisamente él. La arrojó al mar junto con las balas y fue a ver al Gobernador, Richard Ralph, para expresarle su preocupación, que su discusión con la Conservación de las Malvinas y el Gobierno se estaba yendo de las manos. El Fiscal de la Corona, David Lang, también estaba presente. El Gobernador le aseguró a Bingham que no toleraría ningún tipo de acoso por parte de la policía, ni de oficiales del gobierno y le prometió que si su sospecha de que su propiedad pudiera ser allanada, resultaba ser cierta, él investigaría el caso más profundamente.

Mike todavía no estaba convencido que el Gobernador y el Fiscal de la Corona no estuvieran involucrados, entonces escribió a varios diarios declarando que, a pesar de no haber estado preso por ninguna razón en toda su vida, temía que su propiedad fuera allanada, en un intento de denunciarlo injustamente. El 21 de noviembre de 1998, entraron a su casa, como lo había anticipado. Bingham volvió a visitar al Gobernador y al Fiscal de la Corona. El Gobernador estaba demasiado ocupado para atenderlo, y el Fiscal de la Corona, David Lang, le dijo: "Recuerdo haber tenido una reunión, Sr. Bingham, pero no recuerdo los detalles de nuestra conversación."

Unas semanas más tarde, dos oficiales de la policía fueron a la casa de Mike Bingham y le dijeron que lo iban a detener por fraude, bajo la Ley de Hurtos. Lo llevaron al destacamento policial de Stanley y le informaron que estaba detenido por falso testimonio, respecto a sus calificaciones en el formulario de inscripción de trabajo. Bingham declaró que el documento que presentaban como prueba, lo habían falseado y que no iba a responder más preguntas, hasta tanto tuviera la oportunidad de examinarlo. Más tarde, la Policía de las Malvinas, admitió haber impreso el documento en la computadora del destacamento de policía y cambiarlo por el original, en el que no había incurrido en falso testimonio.

En febrero de 1999, Mike Bingham fue a Chile para casarse con su querida Elena, de origen chileno. Debería haber sido el día más feliz de su vida, pero la boda no la disfrutó, porque pensaba que la policía de las Malvinas ya estaba involucrada en una persecución perversa, para deportarlo de las Islas, utilizando cualquier medio que tuviera a su disposición. Después del casamiento, Elena y su hijo de 9 años, se mudaron a las Malvinas con Bingham, entonces, no sólo debía velar por su seguridad, sino también por la de ellos.

El 3 de marzo de 1999, a pocos días de haber llegado a las Malvinas, Mike Bingham fue detenido nuevamente, esta vez, acusándolo de haber ocultado fallos condenatorios por robo de autos, hurto y riña. A Bingham nunca lo habían acusado de ningún acto delictivo, y así lo expresó, pero se lo llevaron al destacamento y le tomaron las huellas digitales por averiguación de antecedentes, como si fuera un delincuente. Cuando Bingham finalmente llegó a su casa, le mandó a su padre una carta por correo electrónico y le pedió que se contactara con la policía británica para que lo ayudara.

A los pocos días, Bingham fue al correo y recibió insultos de personas que se cruzaban con él. Una señora mayor, a quien ni siquiera conocía, lo escupió y le dijo: "No necesitamos esta clase de gente. Vuelva a su lugar de origen."

El Gobierno de las Islas Malvinas había notificado al público, que Bingham era un ladrón sentenciado; sabiendo perfectamente que, en una comunidad tan pequeña como ésta, él y su familia serían objeto de odio y represalia. Su intención era atizar el odio público hacia Bingham, su esposa y su hijastro de 9 años, con la esperanza que se fueran de las Malvinas.

Unos días más tarde, el padre de Bingham envió los resultados de la investigación realizada por la Policía Británica. Ellos confirmaban que Bingham no tenía ninguna condena. Su padre también envió por fax los registros de la corte, por los fallos condenatorios que la Policía de las Malvinas había estipulado. Demostraba claramente que estos fallos pertenecían a una persona completamente diferente, con el mismo apellido, pero con diferentes nombres y fecha de nacimiento. Cualquier investigación de registro de delincuentes, tendría en cuenta la fecha de nacimiento, pero la policía de las Malvinas la había ignorado. Bingham no creía que los dos intentos de acusación que siguieron, pudieran ser otro error accidental.

Bingham fue a la policía y les mostró los documentos de la Policía Británica y las Cortes, pero la Policía de las Malvinas se negó a revisarlos, y le dijo que no podrían confirmar su inocencia hasta que hubieran llevado a cabo su propia investigación, que les tomaría varias semanas. Bingham les explicó que él y su familia estaban sufriendo abusos por parte del público en general, porque la Policía había informado que era un delincuente sentenciado, pero le contestaron que ese no era su problema.

El hijo de Elena, Juan, comenzó su escuela en marzo de 1999, y las maestras estaban absolutamente maravilladas con él, pero Juan de inmediato comenzó a ser acosado por sus compañeros porque consideraban que su padre era un delincuente. Lo molestaban constantemente con comentarios tales como: "tu papá es un ladrón", "no queremos gente como vos aquí", "vuelve a donde perteneces". Con el tiempo, Juan no aguantó más y se volvió a Chile para vivir con sus abuelos. El Gobierno de las Islas Malvinas y la Policía habían tenido éxito en asediar a un niño de 9 años y lograr que se fuera.

Finalmente, Mike Bingham recibió una carta de David Wostenholme, el Jefe de INTERPOL del Reino Unido, que decía "Estoy satisfecho porque en una conversación telefónica del 8 de enero, mi oficina informó a la Policía de las Islas Malvinas que la identificación que habíamos encontrado, no coincidía y les señaló que habíamos encontrado una fecha de nacimiento diferente."

Bingham estaba furioso y realmente encendido. Él tenía ahora la prueba que la Policía de las Islas Malvinas lo había acusado públicamente de tener fallos condenatorios por hurto, robo de autos y riñas, después que INTERPOL le hubiera informado que no era así. Estaba decidido a demandar a los oficiales involucrados y fue a ver al Jefe de Policía, David Morris que, en ese momento, admitió que habían cambiado el formulario de suscripción de Bingham por otro, antes de detenerlo.

El Jefe de Policía le dijo a Bingham que el ex Jefe de esta Fuerza, Ken Greenland, había vertido los datos del formulario de su inscripción original en la computadora. Por accidente, había llenado mal lo concerniente a las calificaciones, por ese motivo, parecía que Bingham hubiera mentido en su declaración. Su formulario original estaba extraviado por la policía; entonces habían impreso una copia de su computadora y lo habían hecho pasar por original; fue detenido por las modificaciones que ellos mismos habían hecho, sin darse cuenta que su "copia" era diferente a la real. Según el Jefe de Policía, todo esto era un error administrativo. Era una mera coincidencia, que ocurriera al mismo tiempo que las acusaciones de la Policía, por tener fallos condenatorios, cuando sabían perfectamente que no era así, a través de INTERPOL.

Mike Bingham pidió una investigación independiente por la conducta de los oficiales involucrados, pero el Jefe se negó. Bingham escribió a la Autoridad de Quejas Policiales de Gran Bretaña, pero le informaron que no podían actuar, desde el momento que la Policía de las Islas Malvinas, no reportaba a nadie en el exterior. Bingham también se quejó ante el gobernador, el Ministerio de Inmigración y Aduana, a los diarios del Reino Unido, al Miembro del Parlamento Dafydd Wilgley y ante el Índice de Censura, una organización de derechos humanos de Gran Bretaña.

A los pocos días, Mike Bingham se estrelló con su Landrover en el Camino del Aeropuerto, porque alguien había quitado las tuercas de las ruedas delanteras, mientras estaba estacionado afuera del Aeropuerto de Stanley. Afortunadamente, Bingham no había desarrollado demasiada velocidad en ese momento, y sintió la rueda bambolearse antes que se desprendiera, así que el accidente no fue serio. Cuatro días más tarde, le sabotearon el auto en la puerta del trabajo, cuando le cortaron el cable del embrague. A los quince días, alguien arrancó la instalación del tablero de instrumentos y, después de dos semanas, el bloque del motor estaba lleno hasta el tope con nafta, que pusieron a través de la tapa del aceite.

Afortunadamente, el exceso de nafta se había desbordado por el tubo contenedor de la varilla de medición de aceite, causando una gran mancha de nafta debajo del auto, lo que lo puso sobre aviso que había un problema, antes de ponerlo en marcha. Si lo hubiera encendido, sin haberlo notado, la nafta se hubiera disipado por encima del motor y se hubiera inflamado por el sistema de arranque, provocando una bola de fuego. Esto no sólo puso en riesgo a Bingham, sino también a su esposa e hijo de 9 años, que también viajaban en el auto. Este acto demostraba la clase de gente con la que estaba tratando.

Finalmente, el Índice de Censura, publicó sus informes en su correo de lectores de septiembre. El Miembro del Parlamento, Dafydd Wigley, también quedó involucrado y trató el asunto con el Ministro de Asuntos Exteriores Británico, Robin Cook. Todo el tema fue presentado ante la Cámara de los Comunes y los diarios ingleses tomaron conocimiento de la historia.

La prensa inglesa realmente inundó la ciudad con titulares como: "Detenido, acusado injustamente y amenazado – Investigador lucha en una guerra de un solo hombre en las Malvinas". La historia apareció por primera vez en The Sunday Times y The Observer, el 10 de octubre de 1999. Le siguieron dos artículos en The Guardian; y notas en The Daily Post, The Mail on Sunday y la revista Private Eye and Birdwatch. El Gobierno de las Islas, la Conservación de las Malvinas y la Policía quedaron todos expuestos por hechos fraudulentos que habían utilizado en contra de Bingham.

A menos de una semana de haber aparecido la historia en los titulares de los diarios, el Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores Inglés, envió un Interventor de Justicia en lo Criminal y Policial para conducir una inspección en la Policía de las Islas Malvinas. También el Gobernador le escribió a Bingham para disculparse por no haber prestado atención a su correspondencia.

El Interventor de Justicia en lo Criminal y Policial llegó a las Malvinas la tarde del 19 de octubre de 1999 y, a las 8 de la mañana siguiente, el Jefe de Policía de las Malvinas lo llamó por teléfono a Bingham para pedirle disculpas oficialmente; sin dudas, con el Interventor al lado. Él aceptó que sus agentes habían cometido una serie de errores, pero continuó insistiendo que eran meramente administrativos, más que un intento deliberado de inculpar a Bingham. Sin embargo, aceptó expresar sus disculpas por escrito.

El Interventor terminó su inspección e hizo un resumen, detallando una serie de medidas para evitar que volvieran a ocurrir casos similares. Este informe
1) Establecía que existía la necesidad de fortalecer la responsabilidad policial a través de un proceso democrático.
2) Resaltaba la falta de cuidado civil en el procedimiento de quejas.
3) Declaraba que los reclamos contra la policía debían ser independientes; y el público tenía que tener acceso a los mismos, para que fueran abiertos y transparentes.
4) Recomendaba que el Gobernador estableciera una entidad para custodiar la investigación de demandas en contra de la policía.
5) Señalaba que no era una buena práctica que la policía actuara también como demandante; y sugirió que los roles se emprendieran en forma independiente.

Lamentablemente ni el Gobierno de las Islas Malvinas, ni la Policía pusieron en práctica ninguna de estas recomendaciones. El Jefe de Policía, Ken Greenland, se había acogido a la jubilación temprana, y el Oficial de Conservación que trabajaba en la Conservación de las Malvinas había renunciado e ido de las Islas. El 27 de octubre de 1999, el tema se presentó ante el Parlamento y, John Battle, Miembro del Parlamento, hizo la siguiente declaración en nombre del Gobierno de las Islas Malvinas:

"El Sr. Bingham está en todo su derecho a quejarse, porque la Policía Real de las Islas Malvinas, utilizó información incorrecta respecto a sentencias condenatorias anteriores. Eso fue decididamente un error. Lamento cualquier dificultad ocasionada al Sr. Bingham."

Los estudios Paramount de Hollywood se enteraron de la historia a través de los diarios ingleses y vinieron a las Malvinas para hacer un documental sobre el trabajo de Bingham, que se mostró en todo el mundo por el Canal Discovery.

Sin embargo, el triunfo de Bingham fue estropeado tras descubrir que su esposa había comenzado a tener un amante. Ella le explicó que desde que había llegado a las Malvinas, la policía, oficiales del gobierno, artículos de diarios, sus amigos, los padres de los compañeros de la escuela de su hijo, y todo el mundo con quien se encontraba, le habían dicho que Bingham era un ladrón, que muy pronto sería expulsado de las Malvinas, y la dejaría a ella y a su hijo sin casa. Inducida a creer que su esposo era un delincuente, y sintiendo que en poco tiempo tendría que defenderse por sí misma, comenzó una relación amorosa. Cuando el nombre de Bingham finalmente se había limpiado de tanta injuria, Elena quedaba embarazada de otro hombre y su matrimonio llegó a su fin.

En 2001, el gobierno Británico le otorgó a Bingham un financiamiento para que continuara con su estudio de los pingüinos con carácter oficial, y el Gobierno chileno lo invitó a iniciar un programa sobre pingüinos en Chile, dándole la nacionalidad chilena. En 2003, Bingham también comenzó a trabajar para el Gobierno Argentino, con el fin de estudiar y proteger los pingüinos en Argentina. Con el respaldo de tres gobiernos, el Estado de las Islas Malvinas ya no podía desestimar su trabajo tan fácilmente y se quedaron cada vez más solos, como único país no interesado en la protección de las aves.

En 2002, El Informe de Conservación Internacional del Pingüino Spheniscus fue publicado, avalado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, escrita por 43 organizaciones de conservación de pingüinos, y apoyado por otras 124 entidades de conservación de todo el mundo. El estudio dejó en claro que las Malvinas estaba burlándose de la opinión mundial, al oponerse a proteger los pingüinos de la pesca comercial, y el informe establecía lo que se necesitaba para solucionar el problema.

Era un llamado a la acción para evitar la depredación de las cadenas alimenticias a través de la pesca industrial y establecía:
"Se recomienda la prohibición de la pesca cercana a la orilla, dentro de los 48 kilómetros de la costa de las Islas Malvinas. Restringir la pesca industrial en aquellas zonas en que haya una población concentrada de pingüinos en el mar, incluyendo áreas de invernada y forraje para los pingüinos jóvenes. Argentina y las Malvinas, deberían establecer una serie de zonas y reservas marinas integradas, para beneficiar a todas las especies de peces, aves y mamíferos marinos."

En 2002, Bingham publicó su estudio en el periódico científico más prestigioso de Chile, el Diario Chileno de Historia Natural. El manuscrito se llamaba "El descenso poblacional de pingüinos malvinenses ante la presencia de la industria pesquera comercial". En abril de 2002 las condiciones empeoraron tanto, que las playas de las Malvinas estaban contaminadas con los cadáveres de más de cien mil pingüinos. Unos pocos cuerpos fueron enviados al Departamento de Veterinaria del Gobierno porque algunos lugareños estaban interesados en su análisis, y esto confirmó que las aves se habían muerto de hambre. Algunos pobladores se las ingeniaron para salvarlos, alimentándolos con pescado y calamar, para devolverles las fuerzas; otra prueba de la causa de muerte: la inanición.

A pesar del desastre nacional, los ex empleadores de Bingham, de la Conservación de las Malvinas, dijeron que no tenían a nadie disponible para investigar la muerte masiva, ya que varios empleados claves, estaban ausentes por vacaciones. Un médico veterinario de la Universidad de Mar del Plata, en Argentina, especialista en mortandad de aves marinas, vino a las Malvinas para ofrecer su ayuda, ¡pero le negaron el permiso para analizar los cuerpos!

Mientras la Conservación de las Malvinas y el Gobierno no se interesaban por nada, la gente del lugar llamaba por teléfono a Bingham continuamente, pidiéndole que hiciera algo para llamar la atención por lo que estaba ocurriendo. Por lo tanto, Bingham se puso en contacto con dos fuentes de los medios británicos; y pronto la historia apareció en los titulares de los diarios en Gran Bretaña y en América del Sur. El 9 de junio de 2002, el Sunday Independent de Gran Bretaña dedicó una página entera a la historia con el título "Mal momento para los pingüinos que se mueren de hambre en las Malvinas", y a esto le siguió la BBC, que difundió la historia en todo el mundo por radio y televisión. A los pocos días, la noticia estuvo en los medios de comunicación de Estados Unidos y Canadá y, para el 27 de septiembre de 2002, La Prensa Austral publicó lo ocurrido en toda América del Sur, con un artículo cuyo título decía "100.000 pingüinos mueren de hambre".

Los gobiernos de Gran Bretaña y las Malvinas recibieron un aluvión de quejas, pidiendo que tomaran cartas en el asunto para proteger a los pingüinos. Durante 2003, se halló un manojo de pingüinos papua muertos. Estos animales estaban bien alimentados, y no se habían muerto de hambre, por lo tanto, la Conservación de las Malvinas determinó que la causa de muerte era por ingestión tóxica causada por marea roja; y lo utilizó para cubrir la mortandad masiva por falta de comida, que significaba un gran bochorno. En realidad, no había conexión alguna entre estos pingüinos gordos y bien nutridos y los que habían quedado reducidos a piel y hueso por la hambruna, en mayo de 2002.

Para entonces, al mundo le quedaba cada vez más claro que los pingüinos malvinenses estaban en una situación desesperante: la pérdida de cinco millones, desde el momento que se había implementado la pesca comercial; las playas contaminadas con los cadáveres de los que habían muerto por falta de comida; la hambruna anual de los pichones y la negativa del Estado a protegerlos. El Gobierno de las Islas Malvinas se dio cuenta que debía actuar, para suprimir la crítica internacional, que iba en aumento.

Al mes siguiente, Mike Bingham recibió una carta de las autoridades gubernamentales, en la que le informaban que su derecho a permanecer en su empleo lo habían revocado por un cambio en la legislación, y que debía marcharse, a menos que obtuviera su residencia. Bingham se presentó para solicitarla y el Gobernador de las Islas Malvinas, Howard Pierce, le envió una carta diciendo que el Concejo Directivo la había rechazado porque Bingham había "buscado desacreditar y desprestigiar, repetidamente, el estado del medio ambiente en las Islas Malvinas y el desempeño del Gobierno respecto a su protección".

Esto era una violación clara de la ley, que protege los derechos del ciudadano a criticar al gobierno sin que acarree discriminación alguna. Mike Bingham se quejó ante el Gobernador, y le dijo que llevaría el problema a la prensa. A los pocos días, Bingham recibió un llamado telefónico amenazándolo de muerte, si hablaba con los medios.

Mike Bingham denunció lo ocurrido en la policía y contrató a un operador telefónico de Cable & Wireless, para que identificara a la persona, si lo amenazaban nuevamente. Unos días más tarde, el anónimo se repitió, y el operador grabó e interceptó la llamada. La Policía de las Malvinas arrestó al culpable, pero decidió no procesarlo. Más aún, la policía dijo que no era de incumbencia pública identificarlo. No sólo se rehusaron a demandarlo, sino que en realidad, protegieron la identidad de la persona que había amenazado con matar a Bingham.

Mike Bingham llamó a Cable & Wireless, la compañía telefónica que había identificado a la persona y pidió el nombre del culpable. Brian Summers, gerente de Cable & Wireless y, casualmente también miembro de la Conservación de Malvinas, le escribió a Bingham: "Me aconsejaron que no puedo revelar la identidad del anónimo. Todos los detalles pertinentes a la llamada mal intencionada, están en poder de la Policía".

La Policía de las Malvinas había caído muy bajo. No contentos con la fabricación de pruebas para intentar deportarlo, ahora estaban protegiendo la identidad de alguien que había amenazado cometer un asesinato. Bingham se quejó a la policía por escrito, pero ellos sólo le contestaron por escrito, lo que le habían dicho; que ya habían identificado a la persona de las amenazas, que habían decidido retirar los cargos y que no revelarían su identidad.

En el momento que lo habían amenazado de muerte si informaba a los medios, la única persona con quien había discutido el tema, era el Gobernador. Eso, combinado con el hecho que la policía estaba protegiendo la identidad de la persona, sugería que el culpable era alguien del gobierno, alguien a quien si se lo identificaba, produciría un escándalo internacional.

Mike Bingham contrató un abogado inglés para demandar al Gobierno de las Islas Malvinas ante la Corte, por abuso de los derechos humanos. Una de las primeras cosas que su equipo legal hizo, fue pedir la exposición de documentos claves. Las copias de las reuniones del Concejo Directivo registraban cómo los concejales, el Gobernador, el Primer Mandatario y el Fiscal de la Corona habían discutido la forma de deshacerse de Bingham, para detener su trabajo de protección de los pingüinos, aunque ellos reconocían, durante estas discusiones grabadas, que sería un acto ilegal.

Con el descubrimiento de dichos documentos, quedaba claro que Bingham iba a ganar en la Corte, pero tenía miedo que esta gente despiadada, lo inculpara de algo realmente serio o que lo mataran. Mike Bingham, por lo tanto, comenzó a pensar en buscar protección en el único lugar donde sabía que el largo brazo de la corrupción del Gobierno de las Islas Malvinas, no podría llegar, –Argentina.

Es irónico que durante tantos años, el Gobierno de las Islas Malvinas, hubiera alegado tener un alto nivel ético que estaba por encima de Argentina, en términos de moralidad y democracia política; y ahora iba a quedar expuesto ante la Suprema Corte por corrupción y abuso de los derechos humanos; mientras Bingham buscaba seguridad en Argentina. Los soldados británicos que dieron sus vidas para defender la democracia en las islas, durante la guerra de 1982, se hubieran revuelto en sus tumbas de haber visto adónde fue a parar su sacrificio.

El 17 de octubre Mike Bingham se presentó ante la Corte para prestar su última declaración, y dejó el resto de la audiencia en manos de su equipo de abogados. El sábado 18 de octubre de 2003 tomó un avión con destino a Río Gallegos en Argentina, donde él esperaría el resultado bajo la protección de la justicia argentina.

La Suprema Corte comenzó el 22 de octubre de 2003 y presentó su sentencia el 25 de noviembre de 2003. El veredicto era que el Gobernador Howard Pierce, el Fiscal de las Corona David Lang, el Primer Mandatario Michael Blanch y los miembros del Concejo Directivo se habían comportado en forma ilegal por motivos inadecuados. El Presidente de la Corte, James Wood, describió su abuso de los derechos humanos como "moral y constitucionalmente indefendibles."

"Bingham gana en la Suprema Corte" y "Moral y constitucionalmente indefendibles" rezaban los titulares de los diarios locales. Los residentes de las Islas Malvinas estaban indignados y exigían la renuncia de estos funcionarios. El diario, estaba colmado de cartas que pedían la disculpa pública por parte del gobierno y una explicación de cómo semejante corrupción podía haber ocurrido, sin ningún obstáculo, en los estratos más altos del gobierno.

A pesar de que los Estados de las Islas Malvinas y de Gran Bretaña trataron de evitar que la prensa británica echara a correr la historia, ésta apareció en los titulares, desde Londres hasta Buenos Aires. "El Magallanes" y "El Mercurio" (ambos chilenos) y "The Buenos Aires Herald (Argentina), todos condenaron a las Malvinas por corrupción, abuso de los derechos humanos y la muerte de cinco millones de pingüinos por la codicia política.

Pero esto era Malvinas. El Gobernador y el Concejo Directivo sabían que, en realidad, el público o la legislación no podían hacer nada acerca de la situación. El Gobierno de las Islas Malvinas creó sus propias leyes, y era una democracia de nombre, solamente. La gente no tenía voz, ni voto en lo que ocurría.

El Concejal Mike Summers dijo, en una Asamblea Pública, que a ellos no le iban a indicar quién podía permanecer en su país, sólo porque "un juez" lo había dicho. Ese "tal juez" al que Mike Summers se refería, era el Presidente de la Suprema Corte, la más alta autoridad sobre la tierra. Semejante arrogancia y desprecio por el Presidente de la Corte y el Tribunal Supremo, indignó a la población local, que había estado esperando un cambio hacia la democracia, siguiendo el dictamen de la corte.

El Editor de Penguin News, el diario local de las Islas Malvinas, escribió una nota de fondo que decía "El Presidente de la Corte Wood consideró la decisión del Concejo Directivo ‘moral y constitucionalmente indefendible’. Ese es un sentimiento bastante fuerte. Por lo tanto, ¿los veremos pedir disculpas con un ‘Lo siento, hemos cometido un error’? No parece así. La declaración emitida por el Concejo Directivo, esta semana, en respuesta al dictamen del Presidente de la Corte, Wood, no incluía ni un mero indicio de excusas. Podría haber sido la oportunidad perfecta para tomar como propias, públicamente, las palabras del Presidente de la Corte y pedirle perdón al Sr. Bingham por esta terrible violación de sus derechos constitucionales y ante el público en general, por su error. Después de todo, el dictamen ha venido de la Suprema Corte, –la corte con mayor autoridad sobre la tierra". (Penguin News, 28 de noviembre de 2003).

A la semana siguiente, en la nota de fondo se leía: "La respuesta con ira por parte del público, ante la falta de disculpas de los concejales, después del juicio Bingham, se refleja claramente en la página del correo de lectores y en el número de llamadas que hemos recibido en nuestras oficinas los últimos días". (Penguin News, 5 de diciembre de 2003).

The Penguin News estaba lleno de cartas de apoyo a Bingham, condenando al Gobierno de las Islas Malvinas por su corrupción y por la falta de disculpas. Los ciudadanos de las Islas Malvinas hicieron las siguientes declaraciones:

-"La total desconsideración de los Concejales hacia los derechos constitucionales del Sr. Bingham, es lo que deberíamos tener bien presente en nuestras mentes, cuando exhortamos a nuestros Concejales a justificar sus acciones. Ellos han actuado y continúan haciéndolo así, con total desgano para disculparse, de una forma que se parece más a ciertas dictaduras cerradas, que a una comunidad que le gusta pensar por sí misma como democrática. Si esta sociedad, en verdad, quiere ser democrática y, quizá lo que es más importante, ser considerada como tal, entonces debemos exigir que los Concejales más relevantes, expliquen sus acciones en público. Mucha gente murió para liberar estas islas. Esa libertad costó mucho ganarla, no les permitan a los políticos que la arrebaten, sin antes luchar. Hoy fue Mike Bingham, mañana pueden ser ustedes o sus hijos." (Penguin News, 5 de diciembre de 2003).

-"El Concejal Summers está completamente equivocado cuando dice que el caso Bingham versó sobre el derecho a elegir quién es ciudadano o no. El juicio no trataba sobre el derecho a elegir que tiene el gobierno. El caso, en realidad, apelaba a la necesidad del Estado a actuar dentro del marco de la ley, al ejercer sus poderes, no a imponer su prejuicio personal para elegir, y abusar de su autoridad. Al actuar de este modo, el Concejo Directivo desestimó la confianza que nosotros, como ciudadanos, depositamos en el Gobierno para que actúe en forma justa, imparcial y adecuadamente." (Penguin News, 12 de diciembre de 2003).

-"En respuesta a las muertes de los pingüinos, nosotros intentamos informarle a la Conservación de las Malvinas, pero nadie se molestó en salir a echar un vistazo. El problema comenzó en abril de 2002 cuando perdimos 500 pingüinos papua y 2000 pingüinos de penacho amarillo. La Conservación ni siquiera se inmutó, por lo tanto, llamamos a Mike Bingham, que sí se ocupó." (Penguin News, 20 de diciembre de 2003).

-"Acuso a ciertos miembros de esta administración por el tratamiento injusto proporcionado a Mike Bingham. En efecto, está en contra de la Convención de los Derechos Humanos que esta administración ha firmado. Entiendo que la razón por la que Mike Bingham está siendo tratado de este modo, es porque tuvo la audacia de cuestionar la contabilidad de la Conservación de las Malvinas con respecto a los números de pingüinos. Yo, como la Conservación de las Malvinas, no soy un experto en pingüinos, pero ¿cuánto le lleva a esta gente darse cuenta que hay un problema? ¿Pingüinos escuálidos en la puerta de su Oficina con un platito de limosna, graznando ‘Por favor me dan algo de comer?’ Para que el mal triunfe, sólo se necesita que los buenos no hagan nada." (Penguin News, 20 de diciembre de 2003.)

-"¿Podría el Fiscal de la Corona decirnos si era consciente que la decisión del Concejo Directivo de rechazar la solicitud de Mike Bingham, por el sólo hecho de criticar al gobierno, era una violación de sus derechos constitucionales a la libertad de expresión? Si lo era, ¿Podría por favor decirnos, qué medidas tomó para defender los Derechos Constitucionales del Sr. Bingham?" (Penguin News, 12 de diciembre de 2003).

Para entonces los gobiernos de Argentina, Chile y Gran Bretaña estaban todos apoyando a Bingham para que estudiara y protegiera los pingüinos de Chile y Argentina. En verdad, el gobierno británico había asignado más de US$ 45.000 a Bingham para que comenzara un programa de investigación de pingüinos a largo plazo en América del Sur. Bingham tenía que elegir entre el acoso continuo y las amenazas de muerte, en manos de los agentes de un gobierno corrupto en las Malvinas, o trabajar con el apoyo de tres gobiernos en América del Sur. A pesar de la gran solidaridad del pueblo malvinense, Mike Bingham nunca volvió a las islas, después de su victoria en tribunales.

Que semejante régimen corrupto funcione bajo la protección del gobierno británico, es una desgracia para todo trabajador honesto. Los soldados ingleses dieron sus vidas en 1982, con la falsa creencia que estaban sosteniendo la democracia. Estos hombres hicieron ese sacrificio para asegurar que la gente de las Malvinas tuviera derecho a vivir libres de la tiranía política, libres para mantener sus creencias y opiniones, sin opresión.

Es irónico que, después de 22 años que las tropas británicas murieron en pos de la democracia en las Malvinas, un ciudadano británico se viera forzado a huir de las Islas para escapar de la corrupción política y las amenazas de muerte, a buscar la democracia y libertad de expresión en Argentina.

EL LIBRO COMPLETO "El Régimen de las Malvinas" de Dr Michael Bingham. ISBN:987-05-0900-2
Precio 25 pesos Argentinos o US$8 (mas flete). Desde Internet o sucursales de Libreria Santa Fe.